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Crece el cansancio visual por la sobreexposición a pantallas digitales

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«El hecho de fijar la visión en la pantalla genera una disminución en la frecuencia de parpadeo, que normalmente tiene un promedio de 12-20 veces por minuto, y puede llegar a cuatro veces si la fijamos. Lo que trae una ruptura en la película lagrimal y mayor evaporación de la lágrima generando sensación de arenilla y picazón», explicó a Télam Andrés Bastién, oftalmólogo del Hospital Italiano y especialista en enfermedades de la retina.

En este sentido, el especialista calificó como «muy importante» la posibilidad de elaborar una investigación sobre la exposición de la retina humana a luz LED blanca de las pantallas, como el que reveló la semana pasada la Universidad Complutense de Madrid, pero en un estudio realizado con ratas.
Según esa investigación, presentada el 17 de enero por la profesora del departamento de Óptica Celia Sánchez-Ramos, usar una tablet sin filtro -de las que están actualmente en el mercado- «aumenta la muerte celular de la retina de las ratas en un 23 por ciento».

Si bien esta investigación es muy contundente en sus cifras, Bastién hizo hincapié en que se debe tener «mucho cuidado» en trazar un paralelismo en sus resultados respecto de la retina humana, puesto que no es igual a la de estos animales.

En primer lugar, -precisó el oftalmólogo- «la retina es una malla de neuronas (conos y bastones) que tapiza internamente el ojo, siendo este un sistema óptico que lleva la imagen que vemos hacia la mácula que es la parte central de dicha retina».

«Humanos y ratas tenemos dos tipos de receptores de luz: los conos (sensibles a la luz y los colores) y los bastones (sensibles a la luz, pero no al color)», agregó y diferenció, al mismo tiempo, los tipos de conos.

El especialista dijo que «los humanos tenemos tres tipos de conos», con mayor densidad a la de las ratas, y que nuestra visión es «tricromática». Aquí, distinguió los conos sensibles a una longitud de onda corta (color azul), a una longitud de onda media (color verde) y a una longitud de onda larga (color rojo).

Mientras que, las ratas solo tienen dos tipos de conos (visión dicromática), es decir, solo ven el azul y el verde. «Por lo tanto existe una diferencia sustancial para superporner resultados» respecto del estudio español, sintetizó.

«Sería muy importante elaborar un estudio que evalúe el daño potencial sobre nuestros ojos», de forma similar al que fue realizado con las ratas, consideró.

No obstante, Bastién sostuvo que hace tiempo ya existe «el síndrome de la computadora, generado por permanecer muchas horas frente a la pantalla, lo cual trae diferentes manifestaciones: visuales, oculares y musculo-esqueléticas».

Entre las visuales, se encuentran el lagrimeo, el cansancio y la visión borrosa; y entre las manifestaciones visuales, la sensación de sensación de arenilla y sequedad, y el enrojecimiento. Pero también están las consecuencias musculo-esqueléticas, como contracturas o dolor en los hombros y cuello, espalda, brazos, muñecas y manos.

Además -afirmó-, hay «causas múltiples que favorecen estas molestias, tales como «defectos refractivos mal corregidos (miopía, hipermetropía, astigmatismo), trastornos de la acomodación e insuficiencia en los movimientos oculares que mantienen la fijación (insuficiencia en la convergencia)».

Pero no todo pasa por los ojos, ya que también existen «causas ambientales y ergonómicas: lugar de trabajo mal iluminado o con exceso de luz, resolución de pantalla deficiente, reflejos y brillos excesivos, mala ventilación, y muchas horas de trabajo sin descanso», enumeró.

En este sentido, el especialista aseguró que es recomendable bajar la intensidad de luz y brillo de las pantallas, y cuidar que la luz ambiente no se refleje sobre las mismas.

Otras sugerencias brindadas por Bastién fueron que la «iluminación ambiental sea indirecta respecto a la pantalla, controlar el grado de humedad ambiental evitando sequedad y hacer pausas cada diez minutos por hora de trabajo».

Es muy importante, -continuó- «estar en una posición cómoda, utilizando un sillón ergonómico y ubicar el borde superior de la pantalla a la altura de los ojos del usuario, con un ángulo de 30 grados y a 60 centímetros de distancia».

«Hay muchos pacientes que se presentan a la consulta con problemas visuales generados en los excesos de uso de pantallas por muchas horas de fijación, ya sea por trabajo como por ocio. Por eso es importante generar los mecanismos de prevención para minimizar potenciales complicaciones», resumió el especialista argentino.

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