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Alerta: lesiones invalidantes, el doloroso récord del rugby argentino

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Este año hubo tres jugadores que sufrieron daños en la médula espinal; es la marca más alta en la historia del deporte y ubica al país tercero en el ránking mundial; cómo se disputa el scrum, el eje de la polémica.

Las imágenes son fragmentos de partidos de rugby y tienen un final irremediable: el scrum termina derrumbándose. Ocho jugadores de cada equipo están entrelazados, en cuclillas y enfrentados. Empujan para disputar la pelota que tiraron en medio de esa formación. Segundos después quedan desparramados en el pasto. Quince se levantan. En todos los casos, un jugador sigue desplomado. No se mueve, no puede. Cayó con el cuello torcido, sufrió demasiada presión en la embestida inicial, se le cayeron jugadores encima. Por lo que fuera, el desplazamiento de una vértebra cervical lesionó su médula espinal. Se le apagó gran parte del cuerpo. Le pasó el 3 de septiembre a Ignacio Maeder, de 23 años, jugador de Duendes de Rosario; el 15 de ese mismo mes a Jerónimo Bello, de 23 años, pilar del San Isidro Club; y el 23 de octubre a Federico Bocelli, de 17 años, de Tala de Córdoba.

Ignacio Rizzi deja de ver los videos. Le resulta difícil así, con lágrimas en los ojos. «No podemos tener un lesionado más», dice, y reconoce que la situación actual es «preocupante». Al revisar medio siglo de rugby, 2016, con tres casos, es el año en el que más jugadores sufrieron lesiones «catastróficas», como llaman a las que son invalidantes y que en la mayoría de los casos obliga al jugador a usar una silla de ruedas el resto de su vida. Este año triplica el promedio histórico de una lesión por año. Y aún si alguien quisiese argumentar que la incidencia es consecuencia del crecimiento del rugby en la Argentina, en 2016, con 64.000 jugadores fichados, la proporción de lesionados cada 100.000 jugadores sería de 4,68, el doble de la que tenía el país entre 1977 y 1997, cuando jugaban 48.000 personas. Además, al revisar los informes médicos internacionales más actualizados, la incidencia de lesionados en el país es cuatro veces mayor que la de Irlanda (0,89 cada 100.000), duplica la de Francia (1,7) y Nueva Zelanda (2), y está algo por arriba de la de Sudáfrica (4,5). Sólo en Fiji (10) y Australia (6,8) se encuentran referencias de este tipo de lesiones que superen la registrada este año en el país.

Ya el año pasado había sido demasiado trágico. José Basile, de 18 años, jugador del equipo tucumano Coipu, y Juan Gastaldi, de 20 años, pilar del CASI, quedaron cuadripléjicos. Gastaldi explica de una manera cruda la sensación que tuvo en el instante en el que al formar un scrum sintió la lesión: «Quedé con el cuello mal puesto y al hacer fuerza, sentí un crack y se me apagó el cuerpo». La cuarta y quinta vértebra afectaron su médula. Eso le pasó a Gastaldi, que jugó al rugby desde los 10 años pero a él nunca nadie le explicó cuál es la función de la médula espinal, ni que otros 31 jugadores antes que él habían sufrido una lesión similar, ni que un porcentaje significativo se lastima durante el scrum, una formación que integraba sistemáticamente.

Las estadísticas hablan por sí solas. Dicen que de los 35 jugadores que se lesionaron en los últimos 51 años, 18 se lastimaron durante un scrum. Seis se lesionaron por un tackle; cuatro durante un ruck (un jugador que lleva la pelota es tackleado, cae al suelo, y sus compañeros chocan y se empujan con rivales en una disputa, de pie, por la pelota, que permanece en el suelo); cuatro en ocasiones no específicas del juego; y tres en un maul, que es una disputa similar a la del ruck pero donde el jugador que lleva la pelota también está de pie. Y grita que en los últimos dos años, de los 5 casos, 4 fueron en un scrum: exactamente el 80%. «Es una cuestión grave», califica Fernando Rizzi, secretario de la UAR, y asegura que pasar de un promedio de un caso por año a tres, los «descoloca». El dirigente resalta también el hecho de que los últimos cuatro casos se lastimaron durante un scrum, una formación que a diferencia de lo que ocurre en el resto del mundo, en el país se le otorga mayor relevancia desde que hace cuatro décadas muchos equipos empezaron a entrenar un empuje coordinado que les permitió imponerse en esa fase del juego, una técnica que luego imitaron Los Pumas y que hizo reconocido al rugby argentino. «Fuera de la Argentina el scrum se juegan de otra manera. La pelota entra y sale rápido», afirma Rizzi.

Fuente: La Nación

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